
El desarrollo de la portada dio como resultado una pieza gráfica con una fuerte carga metafórica, logrando un equilibrio perfecto entre el peso dramático de la narrativa y la belleza visual del objeto impreso. El diseño final no solo capturó con absoluta fidelidad la visión de María Margarita Arenas, sino que se convirtió en un poderoso elemento de identidad y atracción visual en librerías, conectando emocionalmente con el lector desde el primer contacto físico con el libro.