El mercado laboral se está transformando a una velocidad vertiginosa. Tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial, el ecosistema blockchain, los activos digitales y la automatización no son promesas del mañana, sino herramientas que hoy moldean la economía global. Como diseñador y, sobre todo, como instructor dedicado a la formación de nuevas generaciones en CENIGRAF – SENA, me resulta imposible ignorar esta realidad. Esto me lleva a una pregunta crucial que nos compete a todos los educadores: ¿Está la academia verdaderamente lista para subirse a esta nave y evolucionar al mismo ritmo que la industria?
Con esta profunda inquietud como bandera, tengo el honor de participar en el panel “Universidad y economía digital: ¿está la academia lista para el cambio?” en el prestigioso escenario del Criptolatinfest. Compartir mesa de debate con líderes educativos de la región —bajo la moderación de Roger Beltrán— representa una oportunidad invaluable para trazar puentes reales entre las aulas tradicionales y los nuevos paradigmas del empleo técnico y creativo. No se trata únicamente de enseñar a usar herramientas de vanguardia, sino de reestructurar el pensamiento metodológico de nuestros estudiantes.
La educación, como siempre lo he sostenido en mi práctica diaria, es un acto que debe nacer desde el corazón y la empatía. Sin embargo, en tiempos de transformación digital, el amor por la enseñanza también exige rigurosidad y valentía para actualizar los esquemas establecidos. Las universidades y centros de formación técnica tenemos la responsabilidad histórica de preparar profesionales que no solo entiendan el código, los vectores o la analítica de datos, sino que posean la sensibilidad humana y la capacidad adaptativa para liderar entornos inciertos y altamente tecnológicos.
Este encuentro es una invitación abierta a repensar las aulas. Mi objetivo en este panel es aportar la perspectiva de quien vive el día a día de la formación profesional en Bogotá, entendiendo que el verdadero cambio educativo no se logra con discursos, sino sembrando semillas de innovación en cada sesión de aprendizaje. Agradezco profundamente la invitación a formar parte de esta tripulación y los invito a seguir de cerca las conclusiones de este debate. El futuro no se espera, se construye con dedicación desde el tablero y la pantalla.
